El espíritu de servicio
Es una frase muy manida, sobre todo cuando se refiere al servicio público. Aún recuerdo, como en los primeros tiempos de la democracia, cuando añorábamos cualquier actividad pública, sin miedo a que los grises vinieran a disolverte. Los que militábamos entonces, en partidos de izquierdas, el formar parte de una lista electoral, era un gran honor, para poder desplegar y hacer efectivo esa vocación de servicio
Han pasado muchos años y la realidad de la praxis política, dista mucho de aquellos primeros años, como no, siempre hablando en términos generales.
Los partidos políticos se han convertido en casi los únicos actores del sistema de acceso al poder, por tanto debería ser dentro de ellos, donde se viviera esa vocación, ese espíritu de servicio
Nada más lejos de la realidad, salvando excepciones, claro está de rigor.
Los cargos públicos se han convertido en clase política, permaneciendo muchos de ellos, durante más de tres décadas en lo que se ha dado en llamar “el sillón” o el coche oficial. Y ese clase política, se ha dotado de una serie de ventajas económicas y de prestigio social, que han venido ahogando poco a poco ese espíritu de servicio de aquellos años.
El partido político es la maquinaria del sistema democrático y dentro de los mismos se dan las batallas para estar en las primeras posiciones, en los primeros lugares, cuando empiece la carrera.
Gentes de todas las edades y niveles formativos, con uñas y dientes se posicionan para ser beneficiados por esa “confianza” que el partido pone en los candidatos.
La vocación de servicio se ha convertido en cualquier cosa, menos en eso, servicio.
Desde la necesidad de tener un trabajo remunerado, durante al menos cuatro años, hasta el deseo de obtener otro tipo de prebendas extras, han llevado a la clase política a ser considerada hoy día por la población, como esos que vienen no a servir, sino a ser servidos.
Llegará un momento en que se le de la vuelta a este pensamiento colectivo, y que los que trabajan en política, vuelvan a ser respetados y considerados, como esos que trabajan para nosotros?
Creo que una medida para resolver esto, sería un cambio en la ley electoral y en la praxis de los partidos, y consistiría en que ningún cargo público pudiera estar en el cargo durante más de dos legislaturas seguidas. esta sería una forma además, en la que se evitarían “muchas tentaciones”, que luego tienen ocupados a los jueces, vislumbrando si sus actuaciones han sido honestas, o han estado plagadas de “irregularidades”, por así decirlo



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